Newsletters/Contencioso

Evento – Buenos Aires 26 y 27 de Noviembre

Los días 26 y 27 de noviembre, los Dres. Jonás Bergstein, socio de la firma y Mercedes Nin, encargada del Departamento Migratorio, disertaron en Buenos Aires sobre el tema “Residencia Fiscal y Legal en Uruguay”. Las jornadas fueron organizadas por la firma argentina Navarro Castex Abogados, en cuyas oficinas tuvieron lugar las exposiciones.

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Un Beso en la Boca en el Lugar de Trabajo - ¿Podría Tipificar Acoso Sexual?

Depende.

El tema fue recientemente tratado por el Tribunal de Apelaciones del Trabajo, que dio una respuesta afirmativa a la pregunta del título. 

En el caso, un funcionario de una empresa fue suspendido por el término de quince días. Luego de haberse reintegrado a trabajar, se le comunicó el fin de la relación laboral ¿El motivo? Al parecer el empleado le había dado un beso en la boca a otro empleado, en el lugar y horario de trabajo. Luego de suspenderlo, la empresa lo reintegró y a los pocos días alegó que el hecho tipificaba notoria mala conducta. En su mérito, la empresa lo despidió, sin pagar la correspondiente indemnización.

El empleado se presentó ante la Justicia, donde sostuvo que no podía ser sancionado dos veces por la misma conducta (esto es, con la suspensión y con el despido). La empresa se defendió alegando que le había devuelto al empleado el importe correspondiente a los días de suspensión.
  
El Tribunal de Apelaciones del Trabajo acogió la demanda y falló en favor del empleado. En opinión del Tribunal actuante, ante la denuncia de la víctima, la empresa estaba obligada a adoptar los procedimientos previstos en la ley (promover una investigación, etc.) Sin embargo, la compañía no hizo nada de eso. El empleador -concluyó el Tribunal- bien podía suspender al funcionario, pero siempre en el marco de determinados procedimientos o protocolos que la empresa omitió. Por ende, la suspensión debe asimilarse a una sanción. Y siendo  una sanción, y en función del despido posterior, debe inferirse que el empleado fue sancionado dos veces  por el mismo hecho. Por eso la Justicia le dio la razón.  

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"Pase a Buscar la Liquidación": ¿Configura Despido Indirecto?

En tiempos en que la cultura del trabajo se erosiona día a día, circunstancias menores -un simple comentario, un gesto, una crítica- pueden desembocar en una demanda laboral. Parecería que todo vale a la hora de rehuir al cumplimiento de las obligaciones laborales. Así lo ilustra el caso que hoy comentamos. 

Un individuo, padre de un hijo menor, se desempeñaba en un local de "fast food" de 18 a 22 horas. A efectos de poder cuidar a su hijo, el funcionario solicitó -por WhatsApp- cambio de horario. Su jefe no hizo lugar al pedido, y en su virtud el funcionario respondió que, lamentablemente, debía dejar de trabajar. A lo cual siguió un lacónico: "Ud. sabe lo que tiene que hacer (...) pase a buscar la liquidación". Todo ello por WhatsApp.

El empleado, ni tonto ni perezoso, se presentó a la justicia laboral para invocar despido indirecto y en su mérito reclamar la indemnización por despido.

El Tribunal de Apelaciones del Trabajo rechazó el planteo del empleado. A criterio del Tribunal, la relación laboral finalizó por decisión unilateral del funcionario, ante la denegación de la empresa a su pedido de modificar el horario de trabajo. Sin embargo -razonó el Tribunal-  el empleador no tiene obligación de modificar el horario habitual. De manera que, no habiendo incumplimiento alguno del empleador  -concluyó el Tribunal- el reclamo del funcionario no puede prosperar.


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Toda Coincidencia con la Realidad Corre por Cuenta del Lector: Conflicto de Intereses entre la Función Pública y la Actividad Privada

El Derecho es la mejor herramienta de convivencia social (al igual que la Democracia, no es perfecta, pero aún no se ha inventado nada mejor). Por eso no debe sorprender que los problemas que se suscitan en la vida diaria, encuentren expresión en las sentencias de nuestros Tribunales.
 
El caso que hoy nos convoca tiene que ver con la potencial incompatibilidad de funciones, tal como lo refiere el título de la presente nota. Una funcionaria del Ministerio de Salud Pública (“el MSP”), médica de profesión (“la Funcionaria”), fue cesada de su cargo en ese Ministerio, donde se desempeñaba como supervisora de instituciones de asistencia médica. La razón invocada: había sido dependiente de la Asociación Española ("la Española"), en cuya Dirección Técnica de Farmacias había trabajado.
 
El MSP adujo que los funcionarios con cometidos de dirección superior, no pueden ser dependientes de las entidades sujetas al control del MSP.
 
La Funcionaria cuestionó la decisión: sostuvo que al momento del dictado de la resolución ya no cumplía funciones en la Española y así lo había comunicado a su supervisor en el MSP.
 
El Tribunal de lo Contencioso Administrativo ("el TCA") le dio la razón a la Funcionaria y en su virtud anuló el acto administrativo. En opinión del TCA, el MSP había sido notificado de la renuncia de la Funcionaria; y no solamente eso, sino que además había acusado recibo por la misma vía. Todo ello, con anterioridad al dictado de la resolución.  El Tribunal ponderó la actitud transparente de la Funcionaria, que antes de aceptar su puesto de trabajo en la Española había consultado el punto con sus superiores en el Ministerio de manera previa y formal. Por añadidura, y ante las idas y vueltas que su conducta había generado, la Funcionaria había optado, por su propia iniciativa, por renunciar a sus funciones “para evitar todo tipo de cuestionamientos”. El Ministerio -concluyó el Tribunal- pudo y debió haber revisado su decisión.  

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Pilipauskas versus Casal – "No es Oro Todo lo que Reluce": La Responsabilidad del Contratista de Fútbol

En épocas en que el deporte maneja cifras millonarias, muchos jóvenes futbolistas (y muy especialmente sus familias) cifran grandes esperanzas en hacer carrera en el exterior. Las perspectivas de fama y dinero resultan seductoras. Excepto que los resultados no siempre se dan y ahí vienen los problemas: ¿quién se hace cargo de las expectativas frustradas?

Hacia fines de la década del 90’, Leonel Pilipauskas militaba en la 1ª divisional de Bella Vista. Se lo consideraba una joven promesa. El Grupo Casal había comprado el pase y había logrado un contrato de trabajo para Pilipauskas (por cuatro temporadas) nada menos que en el Atlético de Madrid. Lamentablemente los resultados no se dieron: el Atlético descendió a la 2ª división española -hecho sin precedentes-, el desempeño del futbolista no satisfizo las expectativas, y el contrato le fue rescindido.

16 años después, Pilipauskas promovió un juicio contra el Grupo Casal. Alegó que los contratistas incumplieron las obligaciones asumidas priorizando sus propios intereses por encima de la carrera futbolística de su representado: el Grupo Casal había cobrado casi € 1,3 millones por la rescisión, mientras que él se había quedado sin trabajo durante seis meses.

En su defensa, el Grupo Casal adujo que el timón de la carrera de los futbolistas es su propio desempeño y no sus contratistas: la actividad del jugador fue “desastrosa” -alegaron- y ésa fue la única y verdadera causa de la rescisión.

La Justicia le dio la razón a Francisco Casal. El Tribunal Civil actuante afirmó que Pilipauskas no pudo probar el dolo alegado en la actuación de los contratistas. En opinión del Tribunal, el accionar de Casal y sus colaboradores fue razonable y acorde a la dificultosa situación deportiva que vivía el futbolista en el Atlético de Madrid. El Tribunal ponderó la conducta del Grupo Casal, que luego de rescindido el contrato consiguió que el futbolista fuera contratado por Peñarol; y por añadidura también le abonó -durante un tiempo- la suma mensual de USD 5.000 para contribuir a sus gastos.

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